Entraba Júpiter en Venus
aún las puertas de Isthar cerradas
a cal y canto
y en los albores de un primer beso
que no llegaba.
Se desprendían las perlas de rocío
en la gélida madrugada,
la sal que sangro
en los cimientos del primer verso
que te regalaba.
Leona de luceros,
fiera encaramada,
en mi pecho.
Retahíla de prodigios y ensueños
en mi almohada.
Tú que subes montañas,
entenderás mi prisa por alcanzar la cima
constelada de tu ventana.
13 de noviembre de 2017
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