Como el cristal que va a estrellarse
El postrero rayo del día
Herrumbre de hierro licuada en la piel,
Así te veo, y callarse
Los últimos versos para el gran templo
Los ecos extraviados en el desierto,
Los labios contagiados de miel.
Así te veo, Palmira
Como rehén de un gran imperio
La elegida entre los famosos diez
Como el sagrado camino de tus columnas
La arena que recojo y que me llevaré
Contigo. Mira.
Como retornan tus glorias
Caravanas de seda y especias
A posarse en tus calles,
Y aún libre, de las gaseosas ubres del sueño
En fértil fosa de tiempos,
y de cerca, Palmira, la primavera.

