31 de diciembre de 2009

Adiós a tu luz (Y a tus sombras) IV



Tuvo sus grietas, no digo que no,
el horizonte, entre sus largos dedos dorados
antes de llevarse a las negra fauces,
los dulces con los que se me obsequiaron.

Cesó la sequía mas atroz al espíritu,
el rocío que se posa suave, diría el poeta,
al alma.

No cabrían, los versos
que en tus vientos, empujón invidente,
alcanzasen el hueco del mundo,
la grieta por donde se nos va el aliento,
hacia el mas allá de los tiempos.

Así los vestigios de los sueños,
los fósiles acumulados en la memoria
como una bolsa de plástico que flotará en un garaje,
o una hoja seca, precipitándose desde las piernas de un árbol
antes del sexo, suave,
se ondulan en mares invisibles,
en juegos de luces entre las ropas tendidas
del ocaso.

Adiós, dicha sucedida, y también
adiós para siempre a tus horas malas,
que yo me quedo gratificado en el sentimiento,
y tu te vas santificado en mi recuerdo.

8 de diciembre de 2009

El navío y la tormenta

En las ruinas de la mano
con un pecho de agua,
brotando de mis ojos.
El navío, deriva hacia la tormenta
de bruces contra un muro de silencios.
La espuma, como una telaraña cubre los rincones
de su borda. Los palos quebrados, son arrastrados por
lenguas del reptil marino.
Es la tormenta, la que acude a la única llamada,
del capitán,
afuera,
el cielo,
es una playa de eléctricas proporciones.
El navío naufraga en la furia de Poseidón,
descanse en espumas.

29 de noviembre de 2009

Las fuentes del verbo.

No confundiré
entre los brillos del índigo
y el Índico que inunda los astros.
Los rastros de mis sueños,
vertidos en los recuerdos,
del cántaro roto de la fuente,
ciclópea periferia de piedra,
donde se vierte la sabiduría.
Solo en sus aguas busco
los dioses que no hallo,
los iluminados versos de los que bebo
sustancias de luz.

26 de noviembre de 2009

Panteón de poemas muertos.

Como campos Asfardelos
he aplicado en esta tablita de barro
los sentimientos muertos.
Así, inquieto, grabé en el pecho
a fuego intenso
una rueda de poemas
descompuestos.

Algunos, acudieron a mi
a la primera llamada,
tras la inmensidad del cielo.

Y al horizonte, tras una hojarasca de versos
la vista prendida,
de un cometa espontáneo.

¿Que mirada descenderá del firmamento
para leer mis besos?

Asidos, del atril de la mañana,
prenden mis mejores momentos,
siento, luego
creo que,
buenos o malos,
hermosos o feos,
en este panteón,
están todos muertos.

11 Junio de 1996
26 noviembre de 2009

La ventana gris

Hace tiempo,
en las gélidas mañanas de una torre mellada,
las ánimas, golpean la hiedra
como olas del mar, venía a observar
las oníricas posesiones
un príncipe.

Entre brumas de terciopelo oscuro
y entre breves capiteles de hueso,
contemplaba los jardines santos,
fértiles de mármol, y como
el rocío, ansiaba la tierra,
y la escarcha, se posaba en el alfeizar
de su ventana.

Entonces sucedía,
brotaba de algún cercano
pantano, mefíticos vapores
y acertaba a ver,
desde la ventana gris,
extraños fuegos, resquicios de fósforo,
cuando la noche llegaba.

Y aquel príncipe, no regresaría jamás
de contemplar sus preciadas posesiones
sus jardines santos, su torre ocre
su extraña procesión de igneos prodigios,
su ventana gris.

24 de noviembre de 2009

De profundis

Entre las grietas
asfalto de corales,
en las profundas cavidades del océano.

Se fraguan entre las burbujas de la heliosfera,
las ingenuas voces de los niños.
Brillan intensas
sonrisas de coral, entre la hierba
mecida por el viento solar,
y la insondable inmensidad cósmica,
donde se agitan terribles, los ojos oscuros.

En la mellada boca de la oscuridad,
la noche, con su ingente soledad,
su soberbio imperio de profundidad desierta,
escucha la intangible voz del reloj,
clepsidra de galaxias, hélice de silencios
hábitat abismal de estrellas desconocidas,
que vagan salvajes, por las oscuras sabanas.

Entre las grietas
asfalto de solares
en las profundas cavidades del Vacío.

19 de noviembre de 2009

Los cisnes negros

Los cisnes negros chapotean
Entre aguas sombrías
Las ramas siniestras de la noche
Aferran con sus garras
La mirada.

El hedor entre sal y podredumbre
Se cuela entre caducas sábanas,
El estanque, con sus fauces de alga
Escupe escalofríos y la luna
Rota a dentelladas de vapor
Esconde su gélida guadaña.

Allí está ella, entre cisnes negros
Que chapotean en la noche cerrada,
Las bocas de los fantasmas
Gimen por sus vidas maldecidas.

Allí está ella con su manto siniestro,
Y su mirada coagulada.

18 de noviembre de 2009

Trébol del Nam

Trébol, señor de los opiáceos
deshojado, cuatro brazos armados
en esta Pedrea de granizo,
metal y fuego.
¿como estás, aún sigues conservando
aquel conejo blanco?
Él campesino se esconde en una maraña
de rostros amarillos, voces inquietas
silencio, los pájaros del miedo
ululan sobre su aldea.
Oye, trébol, lo que me quede por vivir
habría sido una escalera, sin fin,
los cartuchos que me quedan
son rosas macilentas,
claveles rojos en las grietas de mi pecho,
Ay, corazón del trébol,
escóndete entre la metralla
regresarás con el vientre abierto
y los ojos llenos de batalla.

12 de noviembre de 2009

Noviembre

Tu mano fría
sobre mi tierra árida, llueve.
El sol, asomado entre sábanas gélidas,
el hielo, aún gestándose entre las grietas de la niebla,
el viento, quebrando la madera de las puertas del cielo.
Y su voz, como jirones desprendidos de la piedra,
prendas grisáceas, las hojas fétidas,
sobre mi rostro cubierto, puede,
tu mano fría.

14 de septiembre de 2009

El inevitable estrato del pensamiento.

En las brechas de cada minuto
resisto como un paria sin futuro
hacia un infinito tachado de suspiro.

Una resaca de sal y espuma
que nos echa de menos, un conjuro
de estrellas que se esfuma.

Un pálpito, un lejano recuerdo
estival, como un perjuro
sentimiento que remiendo.

Yo sé, que aunque ya no sea lo mismo,
y al ganar se pierde también,
tu llegada fue una cornisa ante el abismo.

20 de mayo de 2009

A tu escalera.

Como despertar,
el sol sube tu escalera, como yo
esa escala en busca del do mayor,
una brisa que antecede al suspiro.

Crecer arriba, moldear el barro
del porvenir, mezclar adobe
hacer ladrillos, crecer tanto
que llegue a tu balcón.

Entre tanto, como aquellos árgivos,
al asalto de tus murallas,
escalón a escalón, esa cebra de madera,
que subo yo.

Y despertar,
los rayos del de oriente, desparramados
en tu lecho. El tálamo nupcial
del fuego y el aire. Mi amor.

10 de mayo de 2009

Lluvia

En ti, en las orillas de una playa de Chipre,
no hay dolor mas confortado que un labio de cobre,
mecido por las olas, los recuerdos naufragan,
las astutas aspas del reloj dejan de ser las pinzas de un cangrejo.

En ti, moldeando ídolos de barro que adorar,
bajo la parsimoniosa lluvia en el recinto sagrado,
en un balcón, con la piel sabiendo a sal,
los surcos en el agua, el oleaje, mi navío sin aparejo.

El licor, a sorbos, como lágrimas de hielo,
los cristales con los que me corto la boca y el cielo,
bebiendo del poso oceánico, la luz atrapada en prismas
y yo caminando, de nuevo, asomado desde un sombrero viejo.

La lluvia gime levemente al exprimir el firmamento
y yo no busco refugio, recibo la saliva de este fuero de ensueño,
palidezco al pensar que podría haber pasado, bajo techo
las líneas este inmortal momento.

D.

8 de abril de 2009

Es territorio del Misterio

Es territorio del misterio
los pálidos reflejos de la luna
en la laguna
donde sueño, bajo tus párpados.

Siempre buscando, el agua primordial
es terrible que no haya presas
que detengan el tiempo.

Mecerme, como una brisa
en el recuerdo,
y enloquecer, bajo el nocturno cuero,
el sonido de tu risa.

3 de marzo de 2009

Norte

Entre brumas, a la lejana Thule
por ignotas sendas de agua y sal
el sol, es un permanente ocaso,
sin una guía, que la voluntad, de buscar azul.
Bruñidas, las flechas encendidas
como evocadores fénix buscando caminos
en pos de un incierto sueño de luz.
Al codiciado ámbar de tus ojos
allá donde el Bóreas bate sus alas,
empujándome como un intruso hacia el sur
las replegadas velas, el orzado espíritu,
a golpes de remo sobre lomos cerúleos.
A los helados barrotes de cristal
donde late aprisionado el rehén
retenido por lazos de la ingrata Venus,
en la hecatombe nuclear de los sentidos.
No hallo las esperadas fuentes
que sacian de esmeralda la aurora boreal
asediado por invisibles monstruos marinos,
yo que no di fe a Escilas ni Caribdis.
agarro mis sueños con mis brazos inertes
y navego, hacia perdidos continentes.

27 de febrero de 2009

Olvido.

Olvidarme que te recuerdo,
que me posee tu sonrisa
que me inunda tu desprecio
que la dicha la arrastra la brisa.

Si la razón, no coge la brida
que sujeta al corazón,
si el blanco y negro inunda
esta habitación profunda,
donde derramo estrellas
por los ojos, para que me siga
esa niña y esta hija que no me olvida.

Olvidarme de donde vengo
y saber que no voy a ninguna parte
(al menos contigo) y acuden
como cien mil amaneceres a este ocaso,
crepúsculo que me embarga,
razones para este infeliz escaso.

Asiste, noche eterna, que no viene dios
por mas que ruegue al silencio
que no me olvido, que la recuerdo,
que su sonrisa yo no tengo.

18 de febrero de 2009

En los ojos de Robinson.

Alejado, de costa a costa
como estoy, de ti, en una pleamar
que no cesa de envejecer,
en los viles granos de arena en los que me aferro
como dique en los que contener
espumas.
Ahuyentado, en briznas de alborada
como pastos de alcoba las brasas del mar,
se adhieren a mis ojos al leer
mentiras en mi juicio de tus miradas,
las puestas de Levante que no he de ver.

25 de enero de 2009

Donde enterraré tu nombre.

Tras esa tapia, en las lápidas
bajo la sombra de pétalos marchitos
el agua se pudre, cercenada por el fango,
la melodía del chapoteo de hirsutos insectos.

Infectados, los aromas por la ruina del tiempo,
la herrumbre componiendo su melodía
en la vieja cancela.

Abre los ojos, como grietas en las estatuas
desprendiéndose de todo aquello
que una vez tuvo valor.

Mas allá del embarcadero, donde
perdemos nuestra última moneda,
la morada de la carne inerte,
al finiquito de las horas sucedidas.

Tras esa tapia, donde me acerco
con sigilosos pasos de carroñero,
desgarro tu nombre, a dentelladas precisas
entre fatuas inflamaciones y sonrisas eternas.

17 de enero de 2009

Dulce Zarzis II (Linda Circe)

En el confort de tus brazos
la consecuencia lógica del estado
de las cosas,
la ecuación exacta que emana del alba
el nudo cósmico de los lazos
que esbozas.
Linda Circe que con tus abrazos
convierte mis penas en descarnadas
rosas,
la piara de mis miserias, la calma
a la tempestad, los cielos lacios
a dulces aromas.

Esperando el sol.

Esperando el tiempo precioso
las pálidas perlas de la alborada
en retirada.
El insurgente haz que ilumina el claro del bosque.
Mis ojos, las pupilas como mares de sal
temblando en tu fiebre de luz.

Esperando, tendido en la nieve
en los descarnados huesos de la tierra,
al abrigo del rocío, la helada del alma
depositada en el vientre, cobijo del sol.

Esperando el sol, esperando el sol
la suerte del condenado a tu hechizo
el verdugo de las horas acercándose..
al último cadalso. El cambio,
los tiempos deslizándose como placas tectónicas
al alivio linfático del astro rey.

Esperando el brillo del gran ojo
el dios oracular de Siwa, que me diga
lo que voy a hacer.

Esperando al sol
las largas verstas de la gran tundra
el lívido folio sin escribir
los huecos de las sombras que me traen imágenes
el incesante rumor del agua al caer
al mar, el mar.
El extraño estremecimiento
el cambio, a rumbo de brújula
al sur. el sol, al norte, el sol.

10 de enero de 2009

Lágrimas, sentimientos y tiempo

Cuando, tus párpados, como hornacinas del tiempo,
quiebran su cristal destilando licores de melancolía,
palpito bajo tu pecho abrasado y me riegan tus llamas,
cosecha ígnea de suspiros y silencios, siento.

Quieres saber las cosas, como una niña que viera,
la nieve por primera vez, de dónde procede su aliento,
y piensas que es distinto mi instinto, e insisto
en esas pequeñas huellas que se lleva el viento.

Y aún me cuestan las horas, y rige el momento
de separarnos con su mezquina impaciencia,
esa súbita esperanza arrojada en el barro
arcilla de segundos, que modelo según cuento.

3 de enero de 2009

Contra la esperanza.

De necio es querer aprender de ti, a quererme.
No podrías enseñar, algo
que no sabes hacer.

Contra la esperanza, que me tapa los ojos
ese filo de acero en la garganta,
esa patraña que me hace ir tras de ti,
que me hace ver que tu mano tiembla,
y me muestra que es por ti.
Mentirosa por naturaleza
la savia que precisas es mi propia sangre
la que pierdo, es mi vida.

Infundirá de nuevas desgracias,
por si no había tenido bastante,
difusora de extrañas ideas, similares a mi interés,
devoradora de mis entrañas.

Tu que me vuelves loco, y tu, que no estás loca por mi,
y en esta cordura, la soga que envuelve mi lucidez
y me asfixia. Ya sin ganas.