Qué difícil es completar las rotondas del olvido
sin saber cual era la salida correcta.
Recorrer el rumbo escogido, más bien por el azar,
en esta carretera sin señales,
acelerar, frenar, si frenar en paz
quizás para siempre.
Qué difícil es guiarse recto sin rebasar
las líneas continuas del destino.
Pisar el embrague y cambiar de marcha
aminorar ante tus ojos en verde,
acelerar con el llanto rojo del herido.
De nada sirve, observar las huellas
de neumáticos ajenos, de viajeros detenidos
en los arcenes de una realidad chapucera.
Recorrer miles de kilómetros por la autovía de los años,
sudor de alquitrán y horizontes de polución
que abren sus alas como polillas somnolientas. Mientras
el aroma de los sueños recuerda la gasolina quemada.
Qué difícil navegar las amplias carreteras del estado
en esta vía de ausencias, y acelerar
hasta frenar. Frenar en paz.
Quizás para siempre.