Entre las brumas del pensamiento
te hallo, pero no encuentro.
en las fraguas de estas palabras,
no cabe dictar un juramento.
Entre tinieblas que labras
surcos de ausencia e indiferencia,
cae un pesado telón de acero
como un párpado ante el miedo.
No vayan las cocinas del sueño
a gestar algún engendro.
No vaya a estar tu pensamiento,
contra la política de tu alma:
El imperio absurdo de un sentimiento,
el abismo de tu calma.
Pero seguirá ahí un átomo de miedo,
entre las grietas de tu pecho,
que ya nadie lo salva.