No confundiré
entre los brillos del índigo
y el Índico que inunda los astros.
Los rastros de mis sueños,
vertidos en los recuerdos,
del cántaro roto de la fuente,
ciclópea periferia de piedra,
donde se vierte la sabiduría.
Solo en sus aguas busco
los dioses que no hallo,
los iluminados versos de los que bebo
sustancias de luz.
29 de noviembre de 2009
26 de noviembre de 2009
Panteón de poemas muertos.
Como campos Asfardelos
he aplicado en esta tablita de barro
los sentimientos muertos.
Así, inquieto, grabé en el pecho
a fuego intenso
una rueda de poemas
descompuestos.
Algunos, acudieron a mi
a la primera llamada,
tras la inmensidad del cielo.
Y al horizonte, tras una hojarasca de versos
la vista prendida,
de un cometa espontáneo.
¿Que mirada descenderá del firmamento
para leer mis besos?
Asidos, del atril de la mañana,
prenden mis mejores momentos,
siento, luego
creo que,
buenos o malos,
hermosos o feos,
en este panteón,
están todos muertos.
11 Junio de 1996
26 noviembre de 2009
he aplicado en esta tablita de barro
los sentimientos muertos.
Así, inquieto, grabé en el pecho
a fuego intenso
una rueda de poemas
descompuestos.
Algunos, acudieron a mi
a la primera llamada,
tras la inmensidad del cielo.
Y al horizonte, tras una hojarasca de versos
la vista prendida,
de un cometa espontáneo.
¿Que mirada descenderá del firmamento
para leer mis besos?
Asidos, del atril de la mañana,
prenden mis mejores momentos,
siento, luego
creo que,
buenos o malos,
hermosos o feos,
en este panteón,
están todos muertos.
11 Junio de 1996
26 noviembre de 2009
La ventana gris
Hace tiempo,
en las gélidas mañanas de una torre mellada,
las ánimas, golpean la hiedra
como olas del mar, venía a observar
las oníricas posesiones
un príncipe.
Entre brumas de terciopelo oscuro
y entre breves capiteles de hueso,
contemplaba los jardines santos,
fértiles de mármol, y como
el rocío, ansiaba la tierra,
y la escarcha, se posaba en el alfeizar
de su ventana.
Entonces sucedía,
brotaba de algún cercano
pantano, mefíticos vapores
y acertaba a ver,
desde la ventana gris,
extraños fuegos, resquicios de fósforo,
cuando la noche llegaba.
Y aquel príncipe, no regresaría jamás
de contemplar sus preciadas posesiones
sus jardines santos, su torre ocre
su extraña procesión de igneos prodigios,
su ventana gris.
en las gélidas mañanas de una torre mellada,
las ánimas, golpean la hiedra
como olas del mar, venía a observar
las oníricas posesiones
un príncipe.
Entre brumas de terciopelo oscuro
y entre breves capiteles de hueso,
contemplaba los jardines santos,
fértiles de mármol, y como
el rocío, ansiaba la tierra,
y la escarcha, se posaba en el alfeizar
de su ventana.
Entonces sucedía,
brotaba de algún cercano
pantano, mefíticos vapores
y acertaba a ver,
desde la ventana gris,
extraños fuegos, resquicios de fósforo,
cuando la noche llegaba.
Y aquel príncipe, no regresaría jamás
de contemplar sus preciadas posesiones
sus jardines santos, su torre ocre
su extraña procesión de igneos prodigios,
su ventana gris.
24 de noviembre de 2009
De profundis
Entre las grietas
asfalto de corales,
en las profundas cavidades del océano.
Se fraguan entre las burbujas de la heliosfera,
las ingenuas voces de los niños.
Brillan intensas
sonrisas de coral, entre la hierba
mecida por el viento solar,
y la insondable inmensidad cósmica,
donde se agitan terribles, los ojos oscuros.
En la mellada boca de la oscuridad,
la noche, con su ingente soledad,
su soberbio imperio de profundidad desierta,
escucha la intangible voz del reloj,
clepsidra de galaxias, hélice de silencios
hábitat abismal de estrellas desconocidas,
que vagan salvajes, por las oscuras sabanas.
Entre las grietas
asfalto de solares
en las profundas cavidades del Vacío.
asfalto de corales,
en las profundas cavidades del océano.
Se fraguan entre las burbujas de la heliosfera,
las ingenuas voces de los niños.
Brillan intensas
sonrisas de coral, entre la hierba
mecida por el viento solar,
y la insondable inmensidad cósmica,
donde se agitan terribles, los ojos oscuros.
En la mellada boca de la oscuridad,
la noche, con su ingente soledad,
su soberbio imperio de profundidad desierta,
escucha la intangible voz del reloj,
clepsidra de galaxias, hélice de silencios
hábitat abismal de estrellas desconocidas,
que vagan salvajes, por las oscuras sabanas.
Entre las grietas
asfalto de solares
en las profundas cavidades del Vacío.
19 de noviembre de 2009
Los cisnes negros
Los cisnes negros chapotean
Entre aguas sombrías
Las ramas siniestras de la noche
Aferran con sus garras
La mirada.
El hedor entre sal y podredumbre
Se cuela entre caducas sábanas,
El estanque, con sus fauces de alga
Escupe escalofríos y la luna
Rota a dentelladas de vapor
Esconde su gélida guadaña.
Allí está ella, entre cisnes negros
Que chapotean en la noche cerrada,
Las bocas de los fantasmas
Gimen por sus vidas maldecidas.
Allí está ella con su manto siniestro,
Y su mirada coagulada.
Entre aguas sombrías
Las ramas siniestras de la noche
Aferran con sus garras
La mirada.
El hedor entre sal y podredumbre
Se cuela entre caducas sábanas,
El estanque, con sus fauces de alga
Escupe escalofríos y la luna
Rota a dentelladas de vapor
Esconde su gélida guadaña.
Allí está ella, entre cisnes negros
Que chapotean en la noche cerrada,
Las bocas de los fantasmas
Gimen por sus vidas maldecidas.
Allí está ella con su manto siniestro,
Y su mirada coagulada.
18 de noviembre de 2009
Trébol del Nam
Trébol, señor de los opiáceos
deshojado, cuatro brazos armados
en esta Pedrea de granizo,
metal y fuego.
¿como estás, aún sigues conservando
aquel conejo blanco?
Él campesino se esconde en una maraña
de rostros amarillos, voces inquietas
silencio, los pájaros del miedo
ululan sobre su aldea.
Oye, trébol, lo que me quede por vivir
habría sido una escalera, sin fin,
los cartuchos que me quedan
son rosas macilentas,
claveles rojos en las grietas de mi pecho,
Ay, corazón del trébol,
escóndete entre la metralla
regresarás con el vientre abierto
y los ojos llenos de batalla.
deshojado, cuatro brazos armados
en esta Pedrea de granizo,
metal y fuego.
¿como estás, aún sigues conservando
aquel conejo blanco?
Él campesino se esconde en una maraña
de rostros amarillos, voces inquietas
silencio, los pájaros del miedo
ululan sobre su aldea.
Oye, trébol, lo que me quede por vivir
habría sido una escalera, sin fin,
los cartuchos que me quedan
son rosas macilentas,
claveles rojos en las grietas de mi pecho,
Ay, corazón del trébol,
escóndete entre la metralla
regresarás con el vientre abierto
y los ojos llenos de batalla.
12 de noviembre de 2009
Noviembre
Tu mano fría
sobre mi tierra árida, llueve.
El sol, asomado entre sábanas gélidas,
el hielo, aún gestándose entre las grietas de la niebla,
el viento, quebrando la madera de las puertas del cielo.
Y su voz, como jirones desprendidos de la piedra,
prendas grisáceas, las hojas fétidas,
sobre mi rostro cubierto, puede,
tu mano fría.
sobre mi tierra árida, llueve.
El sol, asomado entre sábanas gélidas,
el hielo, aún gestándose entre las grietas de la niebla,
el viento, quebrando la madera de las puertas del cielo.
Y su voz, como jirones desprendidos de la piedra,
prendas grisáceas, las hojas fétidas,
sobre mi rostro cubierto, puede,
tu mano fría.
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