Tumbado en la lona
mi vida pasa en un segundo
con las atroces alas del olvido desplegadas,
tan escasa
mientras aulla en la memoria una loba
las audaces alabanzas a lo divino
Derrumbado
por el gancho de izquierda que la vida
me acaba de encajar,
hago recuento de los suspiros que me quedan
de los que permanecieron,
como albaceas de la existencia a punto de la extinción.
y me hallo exhausto
con el leve roce de los labios del Invierno
sellando esta cicatriz cardiaca.
Así, bajo el iris, las portentosas oquedades del alma
como muros resquebrejados
por donde se escapa la luz,
el óxido, vino a recordar la fatal cualidad,
con la que los calendarios nos dotaron.
Es entonces cuando queda lejano, el llanto infantil,
vértice del hambre
y la voraz invulnerabilidad juvenil asoma,
hasta los sueños por cumplir de los ancianos.
En la hora de los recuentos, el tanteo del combate
nos descubre los errores, nos muestra las encrucijadas
los besos extinguidos y los abortados haces
a los que opusimos los párpados como murallas sin razón.
Era, cuando los consejos, son literalmente susurros ajenos
lluvias que riegan horizontes extraños,
y así atravesabamos la tormenta sin paraguas,
inundando los poros de nuestra piel, confiando
que la brisa siempre suave, nos secara.
Pero los recados que mandamos,
a los hijos del momento, quedaron sin cumplir,
frustrados comienzó a crecer
una batalla civil del ego,
que convierte el corazón,
en un ring de boxeo.