31 de diciembre de 2010

Adiós a tu luz y a tus sombras V

Caen tus párpados
con el grisáceo sopor del cansancio,
mientras quiebran las aves a su paso,
tus lívidas arrugas.

Si me sonreíste, ahora yaces, tranquilo
en el prado de los tiempos,
paciendo los recuerdos, despacio.

Si temblé a tu paso, ahora te olvido,
como la inevitable lección de la rutina,
el sigilo invertebrado en la retina.

Ya escucho tus leves palpitaciones,
cada vez más despacio,
tu luz extingue tus guarismos,
son las voces que sonaron en verano.

Adiós a tu luz, y a tus sombras,
y a tus fríos, y a tus calores.

Allá te fuiste, con el pasado.

30 de noviembre de 2010

Las palabras

No caben más silencios que
en una palabra que no quiere decir nada.
Un horizonte de versos por cubrir
me recuerdan que aún queda camino,
con palabras que a veces me laten sin sentido,
discuten conmigo, como queriendo ser inmersas
en este torbellino de tiempo inseguro.
Peor es la calma que las tormentas,
que no agitan los aires y no extraditan
las bocanadas de polución. Así, las palabras,
conjunciones inéditas que sin ruido,
vienen junto a mi y palpitan
y me dicen, quiero estar yo contigo,
a esas no osaría retirarlas, la palabra.

27 de noviembre de 2010

De tus ojos

Por que tu retina es patria y destino
no tengo más presente que la luz
y en estos caminos de pecho azul
por los que vuela un Ícaro cansino.
Por que tus párpados son el recibo
una gloria, un vago vaho de tul,
y allá donde señalen, será el sur
la cálida latitud donde emigro.
Ya tus ojos han marcado mi vida
con la tinta indeleble de mi alma
como un hierro al fuego en mi corazón.
Y al cabo, que cicatrizo mi herida,
como con la primera luz del alba
me hiciste de tus pupilas, un sol.

9 de noviembre de 2010

Corazón, antaño yerto.

Yendo al horizonte de tus ojos

con la firmeza del explorador,

descubro los matices que encierra

el genesis de mi fortuna.

Retirado del abismo yermo

un susurro que quiebra

las ultimas fronteras del ruído

la violencia de un viento siniestro.

Acalla amor, con tus ojos, los trasiegos

del espíritu, los fuegos lejanos

que devoraban las cosechas de sueños,

en este corazón, antaño yerto.





º

25 de octubre de 2010

Viento en el Capitolio.

Las ocas sagradas, como las agujas del reloj
avisan entre las grietas del tiempo,
aquí, en otros techos pero en el mismo seno
de la tierra, donde se cuaja el rayo regio,
la égida al compás del galope del caballo del Augusto,
el sueño de los hombres,
el viento en el Capitolio
moldeando el silencio.

Roma, 25 de Julio de 2005

20 de octubre de 2010

Vertido de segundos.

All those moments will be lost in time like tears in rain

En las brumas del mar
la tierra muestra
sus fauces incisivas
como una sierra
a dentelladas de memoria,
entre el diapasón del trueno
y el sol rendido a los pies.

Con la reja, etnia maldita
que encierra el cielo,
en las grises praderas de ausentes,
manufactura de óxidos,
tiritando la hojarasca como
un racimo de segundos
derribados
en la lluvia.

Cita de Blade Runner
3/8/2004 - 20/10/2010

12 de octubre de 2010

Las puertas de Babilonia

Tras recorrer las rutas del tiempo,
y guarecerse del ruido en las torres del silencio,
me he detenido ante la estatua del gran Marduk
y he atravesado seiscientas veces las puertas
de la gran Babilonia.

La arena se posa en mi piel
se se encierra en mi sudor, el rostro del óxido
he cruzado desiertos para hallarme ante
estas ciclópeas murallas.

Los jardines esparcen sus verdes licores
por las terrazas donde, las cortesanas
contemplan con orientales ojos
como los hombres se aferran a la carne de adobe
para recuperar los rastrojos de un momento
que yace en lo alto de una torre.

Hubo larga vida para los sueños,
para prensar en la mente los deseos,
ahora el anacoreta que contempla desnudo
el amanecer,
a través de las puertas de la Gran Babilonia.

11 de febrero de 2010

Oda al asteroide 105 “Artemis”

Acorralado
en un hábitat de miradas
telescópicas
ocultas,
las estrellas
en Monoceros
cazador
atrapado
por las extrañas lenguas que gestionan
las inauditas sutilezas
del ruido sideral.

Te han dado un número
el 105
y un nombre de diosa
viajero infinito hasta el fin de tus tiempos.

Ulises mineral
rocoso pez en el acuario de los astrónomos,
perito de eclosiones
añoras
un régimen de cometa.

Yacerás,
al final
y que mejor nicho que
la inmensidad vacía del espacio exterior.

Principito ingenuo que viniste
alimentándote del racimo de una constelación,
tu número
el 105
tu nombre
el de una diosa.

20 de enero de 2010

Ana

Pronunciar tu nombre,
con un frágil susurro,
para no romper el cristal
de tus lágrimas,
que tus huesos
abracen mi corazón
y lo tengan
en el buen recaudo de tu pecho.
Pronunciar tu nombre,
Ana, con suavidad
para no despertarte,
con el leve aliento de un suspiro
que eleve tu cabello,
cola de cometa, flor de oro
fuego en el vientre de mis versos.