Agrias, las alas consumidas en espuma
como un fértil lecho de leguminosas sombras
aceites de sal, vertidos en los pétalos de tus pechos.
Al timbre, de mi garganta, se agarra tu nombre
como el recuerdo, gota a gota de saliva
¡Luces del alba! recordarme soñar tus besos.
La pertinaz presencia de tu ausencia
en la letanía del olvido, en esa, en las que soy un simple
participante de la rutina, en la ruina cotidiana.
Algunas veces, fui resaca no por miedo, si acaso
la prudencia, los lodos de la perversa confianza
que irremediablemente ingieren el éxito.
Otras, las menos, fui avanzando sobre la arena
consumiendo las playas de tus ojos, como cubriendo de rocío
tu pálido reflejo entre las culebras de mis cejas.
Pero ahora, como la Rhaida a fuego en los tobillos
bañado por la luz de la piedra mas arcana, la de los mil nombres
añoro otras patrias, otras orillas donde depositar,
las huellas de mis labios.
11 de septiembre de 2008
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