31 de diciembre de 2006

Adios a Tu Luz y a tus sombras


Como humano, te has quedado en nada
Te vas sin luz, como el tiempo arrogante
Suicidando estrellas, luna errante
Con la madrugada ya congelada.

Tu que desnudo, vestías de gala
Con el tiempo, muy pronto te arrugaste
No eres mas que un número agonizante
Con grietas ocultas en la fachada.

La noria vieja que asciendes, al cielo
Que después arroja el agua en la tierra
Sembrándome de sal y azufre el pecho.

Tu cifra, que en el vientre me revienta
Revierta las nubes, que cagues hielo
Que te vayas y de vista, te pierda.

Texto e Imagen: Diomedes

23 de diciembre de 2006

V.



Luces blancas
reflejos
espejos
paredes
y vacas.
La nieve
y el monte
y el cielo
y la holanda
la cal y una manta.
La noche
carbón;
ébano y trombón;
chocolate con leche
café con vainilla
colonia y el talco
magnesia y
gominolas.

Poema: gio
Foto: dio

17 de diciembre de 2006

Oda al Invierno


Condecorando los suspiros, los lánguidos atardeceres
como preces al olvido, el estanque de la memoria
inamovible, siseo sereno de sombras
acurrucado en el silo de la rutina.
Como en un segundo, el cielo eterno
la noche sagrada de los silencios,
en el polen de cenizas, el tiempo,
y entre los segundos, los miedos.
Pero disfruta, este es tu momento
y no otro cuento, el del secreto
clamor de dios, cruel invento.

Texto y foto: dio

16 de diciembre de 2006

II.


Camina despacio,
Le pesa todo el cuerpo.
Le duelen las muñecas
y los tobillos.
Arrastra los pies
Y el dolor del mundo.
Un cansancio eterno se refleja
En su rostro.

Mira hacia atrás con miedo;
No quería hacerlo.
La melancolía le heló
La sangre
Y un líquido viscoso
le congela el corazón.

Es el fósil viviente
que resiste a su destino,
combate sin fuerzas,
agoniza y espira ruidosamente,
mientras el pánico le atenaza.

Poema e Imagen: Giovanna.

8 de diciembre de 2006

Entre la noche y el día.


El amanecer levita, nos vamos asociando a las sombras
Como perennes soledades de un hastío boreal
Los Ángeles susurran los placeres que los demonios gimen
Gotean las vidas, ala alquitranada, en las obras
Que rezuman las horas, por este sinuoso corral.

Arriba, se agrieta el cielo, la ruina acecha entre la belleza
Las levas púrpuras acuden al son de las trompetas,
El Apocalipsis, se detiene, cada mañana, como un sueño
Que despertase las glorias de un gigante pavoroso,
Caminando al filo del abismo, abajo el agua
Espumando sangre afilada bajo el promontorio...

Las estrellas se agotan de escrutar, los futuros, en la líneas
De nuestras manos.

La marejada de los cielos se retira, la arena del alba brilla
Es hora de esconder, los deseos y los sueños, es hora
De que los amantes, disfracen su desnudez con la mirada agria,
Es hora de que las horas se vistan de encaje.

Los fuegos fatuos se apagan, se enciende la mirada grandiosa
Del dios de todos los humanos, del grito de todos los sordos.

No hay mas trabajo para los cirios, no hay mas candela que alumbre
A los amantes bajo un sol, que deshace, entre sus colmillos, la mañana,
No hay mas lumbre en tus ojos, no hay mas brillo en la mirada,
No hay mas lágrimas en las grutas resecas de mi vista, no hay mas esteras
Donde reposar los huesos.

Se acerca la alborada, cabalgada, de un viento que no se deshace.
Y yo.
Cierro los ojos.
De nuevo la vida.

Poema: Dio
Imagen: Dio