20 de enero de 2010

Ana

Pronunciar tu nombre,
con un frágil susurro,
para no romper el cristal
de tus lágrimas,
que tus huesos
abracen mi corazón
y lo tengan
en el buen recaudo de tu pecho.
Pronunciar tu nombre,
Ana, con suavidad
para no despertarte,
con el leve aliento de un suspiro
que eleve tu cabello,
cola de cometa, flor de oro
fuego en el vientre de mis versos.