Te odio, poesía mía.Pálido satén de profundidades ingentes
te odio como al día
y la noche que me persigue.La orilla, es una quebrada de filos
los párpados del crepúsculo en las arrugas de la frente,
te odio, como una pestilente herida,
Te odio, grotesca arpía
comuna de impurezas, ingrávidas afonías,
canina necesidad urgente.
Pero hallo, en arenas ajenas,
la armónica huella de la luz
en mi rostro, y entonces, pruebo tu licor.
Consumo en breves virutas de aire
y mis pulmones reciben el oxigeno, cargado del salitre
cristales que rasgan como palabras,
las entrañas y que a la mente, corrigen
este virulento estado de melancolía.
Dulce Zarzis, tendido, que no caído
en tu lomo de mujer, entre tus muslos, como párpados
que reciben la primera luz del día.
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