Tras el cristal
un millón de voces arrancadas lucen una inmensidad
de silencios.
Un vértigo de lágrimas inunda sus ígneas garras.
Mientras, cuento los segundos,
soy consciente de no volver a verte y me imagino
un mundo, tan siniestro como el que tenemos.
En el mismo cristal, la misma ventana, o quizás
la misma mirada desde estos ojos yertos,
la fragua de mis desgracias, contemplar
los fuegos fatuos, como estremeciendo la madrugada.
Mirad, que solo te quedaste, ¡Y yo me quejo!
se agarran en mi garganta las palabras que nunca te dije
por pensar que tenía tiempo,
mirad como lloro, tras el cristal.
Un viento gélido golpea la ventana
los goznes de mi sala ya han saltado suicidas
entre los frágiles destrozos de mi alma,
mirad como lloro, tras el cristal.
Tras el cristal,
alboradas rotas y ayer sin mañana,
nunca te dije nada, y ahora no escuchas mi palabra.
17 de noviembre de 2008
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