Anoche hallé una orilla
Por el caudal de mi alma, flotaban objetos indefinidos
Que lamían mi memoria como animales domados,
y podía contemplar entre un éter viscoso
el perfil de las ruinas de las torres que antaño
gobernaron mis impulsos.
Anoche en aquella orilla
secaba mis ojos en la lumbre de la brisa,
dos lunas menguantes soñaban despacio
podía sentir, el gobierno vacilante del timonel
por estas aguas sucias de Leteo itinerante.
Anoche, me aparte de la orilla
y no volvió a ocurrir nada.
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