soy un insecto de tantos. Los miro,
suben las escaleras mecánicas apoyados en el posa manos
montan en el autobús, son la carcoma de un mundo inerte.
Solo quiero quedar atrapado en el recinto de tus ojos.
La noche es un vertedero de sombras
no importa cuántas luciérnagas procuren aplacarla
viene y se va, hasta que un día permanece.
El invierno son tus ojos congelados en los míos.
A veces espero una luz, sin darme cuenta,
es la sombra que ilumina el camino.
Me guía hasta apagar el fuego y vomita en mí,
su melancólica inmensidad.
Con los párpados yertos tus ojos y los míos.

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