2 de marzo de 2018

La cruzada de los esclavos.

Como tú,
sigo en esta algarabía de muerte llamada vida
recorriendo al rodar
los caminos agrietados que pisaron los antiguos.
La grana del cielo se ha quebrado
hoy la bruma rodea con sus brazos de misterio
y no contemplo con mis ojos
con las venas de mis versos
lamiendo el suelo. Desoyendo el cielo.

La tormenta pasó y quedaron los charcos
y tú, estás aquí, pero ¿Qué sientes tú?
¿Quién eres tú?

Los buenos caminos son las sendas que aún hay que recorrer
pero no hay destino más que el final.

Yo ayer te vi,
como cuando eras tú
sentía tus besos y ahora
¿Qué sientes tú?

Lo correcto era seguir recto
dando tumbos y orillarme para perderme
en las veredas del camino,
las constelaciones bautizadas por sabios arcanos
la suerte de mi vida:

¿Eres tú?

Ser suave, o agrio.
Estar ebrio de vivir en esta jungla de palabras
el ruido del árbol que cae en soledad.

Como tú
aún rigen las estrellas su dictadura en las constelaciones
levanto la cabeza y veo
los látigos chasqueando nuestras espaldas.

Pero no te lo voy a decir.

Por qué pasó el tiempo y lo aprendiste de mis labios
o no te importó y lo que escuchaste
fue tan sólo dirigido a mí.

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