22 de octubre de 2017

Misa de réquiem interrumpido.

El atrio estaba helado, infectos vino y lecho;
¡Hay que servir de hinojos a visitantes tales!
Ch. Baudeleire

Sus dientes, flores blancas, bocados de luna,
cercenaban el horizonte hasta saciarse de mi.
Marfiles ribeteados de púrpura
gota a gota el crepúsculo va llenando mis pulmones.

A ti, cielo de amapolas que exhuma
coronan mis días el beso de tu locura
pedazos del alma que pierdo
en tus rodillas. 

Los besos son grietas en la orilla
sumideros del alba por donde se desprenden
tus noches.

Yacer entre tus brazos es reposar
en mausoleos en ruinas,
atrapado en el bullicio del musgo,
que oculta mi columbario.

Aun así, baste para ti, 
gritos silenciosos en la noche,
pálidos reflejos de alimañas nocturnas,
llantos del purgatorio, gemidos del cielo
y en la tierra, 
el amén de los no nacidos. 





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