Si huí de la vulgaridad, esta me escogió.
Uno más del montón.
Las noches fueron rodando, por la pendiente de tu luz
el sol se ocultó siempre entre horizontes quebrados,
mientras me embriagaba en letras por explicar.
Que aún creo en tu voz.
como una vieja canción que me gritó.
Con la conciencia despierta en la mirada del ocaso,
con los banderines de color ondeando en la memoria
como un pez harto de respirar en el mar.
Que las voces de la multitud fueron un Dios
incompresible melodía de una inmolación.
Qué no perseguí el amor, y éste respetó el pacto
que mis sentidos se privaron de tu voz y de tu tacto
de tu calor.
No tuve más objetivo que tratar de no alcanzar
lo que más precio. Viniste, con la sombra acostumbrada
y te fuiste igual, por que los años, como la vida
vienen y van con sus galas de tiniebla.
Si quise no recordar que siempre fue así,
no logré convencerme. Pero al final,
Te has ido como todos se van.
Y otros vendrán.
Te has ido como todos se van.
Y otros vendrán.
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