9 de octubre de 2016

Lejos

No es la frontera más que un hilo del tiempo.


El tejido cardiaco separado de tus caricias.
Te hablo a ti, ausente, que quizás vengas pronto.
O que quizás nunca hayas venido.

Por los sumideros, la tierra devora mis horas,
lechos de viento, aguas saladas, fecundos latidos,
en los que el sol se diluye en graznidos de óleo.

Si el astro chilla yo escucho tu voz,
que algún día arrastraré, si me lo permites,
al balcón del sueño,

Pero ahora me siento extranjero.

Con un pasaporte anónimo, desconsolado
medito impaciente, la danza de luces, que son
tus labios meciéndose como un mar infinito.

Es tu rostro el alma incompleta.
Aquí lejos, a miles de horas,
lo que te digo al oído, es silencio.

Apátrida de tus besos
ahíto de dudas,
confesor de miradas,
cenizas de celos.

El miedo no es el de no pertenecer a tu imperio
sino el de que ninguno de mis calzados
pise la acera de tu tiempo.

Por eso de momento, tan lejos.
Me siento extranjero.

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