31 de diciembre de 2014

Adiós a tus luces y sombras IX

Un gigante de barro oscuro aprieta el puño,
sobre mis ojos va empapando
el manantial de aguas turbias,
con sus sombras desgarrando el horizonte
entre los dedos.

La nada como un mar eterno,
en la desconexión cósmica con la cuarta dimensión,
doblándose sobre su eje
se retuerce un bramido en la garganta,
cuaja la noche de hielos, huellas luminosas,
amores que se consumieron en su propio núcleo.

Algo más fuerte, que tu luz, vino rodando
como un coche con los faros apagados,
en la autopista de la gran ciudad.

Furtivo. El amor es fuerte. No es elástico
y no hay material mas puro que el diamante.

Si este planeta fue tallado, con sus ardientes jugos gástricos,
vomitados por la endosfera,
cuajó en la superficie cardiaca cubriendo sus cicatrices
de oscura tierra

A veces, en la boveda celeste, un arcoiris
en la oscuridad, iluminaba este pecho,
tan frio, tan desarropado.

Las dagas de Cronos, en compás inmisericorde
completan su camino, una senda de oscuridad,
buscando una luz, que ilumine,
como un faro de la antiguedad.

Adiós, a tus sombras, a tus luces, a tus tinieblas,
a la contemplación icónica de los sentimientos.

Adiós a la ceguera de tu lóbrega mirada
sobre la visión de las briznas del cometa,
cabalgaran briosos los recuerdos.

31 Diciembre de 2014. 18:00


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