4 de marzo de 2013

Hacia el ocaso.

Voraz como la vida en la garganta
atrapado entre el asfalto se hace paso
por brechas de neón, con lenguas de fuego,
ojos púrpuras que dentellean en la oscuridad.

Cabalgan los himnos al postrero occidente
se impregna en la retina una melosa crema de olvido
entre las volutas de sal que  disuelven
derramado su gélido maná como rocío al alma.

Bajo las piedras, acorazados escorpiones sombríos,
inyectan su sombra bajo los párpados de hielo
de los yacentes dioses del atardecer.

Yo contemplo la hiedra aferrada a mi pecho,
como se yergue ante la penumbra definitiva,
para arrastrar las luces heridas al caer.

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