Ahora, las estatuas yacen esparcidas
entre la yerba crecida,
añoro sus pétreos volúmenes
desafiando el tiempo.
Nunca fui capaz de emular
su estoica figura, y sin embargo
sé que yaceré en estos mismos campos
con la certeza del efímero consumo
de mis horas.
25 de octubre de 2012
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