Los hilos de luz resbalando por el filo tenebroso,
como hemoglobina devorada en el abismo,
las fauces del gran agujero engullen,
tus días y mis noches.
El éter posando en la retina
como un instante de la eternidad,
el fulgor ausente, el alma inerte
los sueños codificados de un Dios latente.
Así se encuentran, tu fulgor y mi sombra
agarrados de la mano
en un camino enterrado en la memoria.
20 de enero de 2012
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