Acorralado
en un hábitat de miradas
telescópicas
ocultas,
las estrellas
en Monoceros
cazador
atrapado
por las extrañas lenguas que gestionan
las inauditas sutilezas
del ruido sideral.
Te han dado un número
el 105
y un nombre de diosa
viajero infinito hasta el fin de tus tiempos.
Ulises mineral
rocoso pez en el acuario de los astrónomos,
perito de eclosiones
añoras
un régimen de cometa.
Yacerás,
al final
y que mejor nicho que
la inmensidad vacía del espacio exterior.
Principito ingenuo que viniste
alimentándote del racimo de una constelación,
tu número
el 105
tu nombre
el de una diosa.
11 de febrero de 2010
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