8 de diciembre de 2009

El navío y la tormenta

En las ruinas de la mano
con un pecho de agua,
brotando de mis ojos.
El navío, deriva hacia la tormenta
de bruces contra un muro de silencios.
La espuma, como una telaraña cubre los rincones
de su borda. Los palos quebrados, son arrastrados por
lenguas del reptil marino.
Es la tormenta, la que acude a la única llamada,
del capitán,
afuera,
el cielo,
es una playa de eléctricas proporciones.
El navío naufraga en la furia de Poseidón,
descanse en espumas.