Tu mano fría
sobre mi tierra árida, llueve.
El sol, asomado entre sábanas gélidas,
el hielo, aún gestándose entre las grietas de la niebla,
el viento, quebrando la madera de las puertas del cielo.
Y su voz, como jirones desprendidos de la piedra,
prendas grisáceas, las hojas fétidas,
sobre mi rostro cubierto, puede,
tu mano fría.
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