En ti, en las orillas de una playa de Chipre,
no hay dolor mas confortado que un labio de cobre,
mecido por las olas, los recuerdos naufragan,
las astutas aspas del reloj dejan de ser las pinzas de un cangrejo.
En ti, moldeando ídolos de barro que adorar,
bajo la parsimoniosa lluvia en el recinto sagrado,
en un balcón, con la piel sabiendo a sal,
los surcos en el agua, el oleaje, mi navío sin aparejo.
El licor, a sorbos, como lágrimas de hielo,
los cristales con los que me corto la boca y el cielo,
bebiendo del poso oceánico, la luz atrapada en prismas
y yo caminando, de nuevo, asomado desde un sombrero viejo.
La lluvia gime levemente al exprimir el firmamento
y yo no busco refugio, recibo la saliva de este fuero de ensueño,
palidezco al pensar que podría haber pasado, bajo techo
las líneas este inmortal momento.
D.
10 de mayo de 2009
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