Cuando, tus párpados, como hornacinas del tiempo,
quiebran su cristal destilando licores de melancolía,
palpito bajo tu pecho abrasado y me riegan tus llamas,
cosecha ígnea de suspiros y silencios, siento.
Quieres saber las cosas, como una niña que viera,
la nieve por primera vez, de dónde procede su aliento,
y piensas que es distinto mi instinto, e insisto
en esas pequeñas huellas que se lleva el viento.
Y aún me cuestan las horas, y rige el momento
de separarnos con su mezquina impaciencia,
esa súbita esperanza arrojada en el barro
arcilla de segundos, que modelo según cuento.
10 de enero de 2009
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