De necio es querer aprender de ti, a quererme.
No podrías enseñar, algo que no sabes hacer.
Contra la esperanza, que me tapa los ojos
ese filo de acero en la garganta,
esa patraña que me hace ir tras de ti,
que me hace ver que tu mano tiembla,
y me muestra que es por ti.
Mentirosa por naturaleza
la savia que precisas es mi propia sangre
la que pierdo, es mi vida.
Infundirá de nuevas desgracias,
por si no había tenido bastante,
difusora de extrañas ideas, similares a mi interés,
devoradora de mis entrañas.
Tu que me vuelves loco, y tu, que no estás loca por mi,
y en esta cordura, la soga que envuelve mi lucidez
y me asfixia. Ya sin ganas.
3 de enero de 2009
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