6 de julio de 2008

En Pálidas esferas.

Arrancarlas a las estrellas un grito de nácar
el pálido reflejo de unas gafas de cristal
el brillo del hielo, el colmillo del jaguar.
Y yo, me poso, mientras mis manos se amoldan
al talle precioso, al lomo glorioso, al cuello de selene.
Ven, el brillo del sol y contempla el silencio
girar los astros para hacer ondas en el agua
derretida del glaciar.

Demoler con palabras los lamentos y suspiros
la labia exterminadora de la verdad,
lamia sideral, arrogante animal
que yo solo quiero pararme y liberar
mi alma en verbos que no te lleguen
que no te cegarán.

Y entre tanto, lagunas sin nubes, observad
los besos prohibidos son los que me gustan más.
Posado en tu vientre, como un animal
que espera su alimento del aliento lunar.

Dio.

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