Crucemos juntos las puertas de Ishtar,
a los visillos violentos del horizonte
apartemos con palabras sin voz.
La noche se rige de elementos extraños,
los jocosos desvaríos de los dioses borrachos,
los caprichos, como ofrendas en el mar,
te calzan de sal, los años.
Evalúa las simientes legendarias,
esa Babilonia privada, para nosotros dos,
el relato, un mordisco del cielo,
en el cuello, los gestos, que no nos hacemos.
Crucemos juntos los puentes de la gran ciudad
y no volvamos la cabeza, ni miremos,
mas allá de las puertas de Ishtar.
(Por qué no habrá jamás, un lugar igual)
Texto: Diomedes
13 de noviembre de 2007
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