Expiro al sol en licor
con una receta de angostura
observo dentelladas en el bosque
el último latido del corazón.
Perezco en tus ojos de almohada
mi nicho son, tus verdes praderas
riveras sintéticas en mi alma
el aroma de desangrada flor.
Las preces también son pasos
en el camino del final.
Las aves que me indican el sentido,
al Oeste se encuentra mi estrella polar.
No hay manos de amigos, solo
miradas curiosas,
ignorantes de su propio rumbo,
sin embargo, es tan fresco el aliento,
que el olvido, pulula en los pulmones
con aire de peregrino.
Inunda mis pasos el barro
no hay profeta que limpie mis pies y mis manos
son las huellas, fósiles de hastío,
larvas de remordimiento con sin motivo.
Me muevo, no diría que camino,
navego, no diría que me guío
me bebo el último sol
eso si lo digo.
Texto e Imagen: dio
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