22 de agosto de 2007

El juicio de las cosas vulgares.


Si viviéramos sin el pudor,
pisando en la alfombra de estrellas
grietas de un cielo a medio hacer
no serían las pisadas, rapaces
vestigios de miradas desquebrajadas.
no quisiéramos una casa,
con toda la lucidez de la que disponemos,
donde siempre nos estuvieran esperando
con una escudilla de sopa nocturna
y no goteasen por la comisura de nuestros labios
mentiras entre el rocío de la alborada, el silencio.

Si no fuese una blasfemia, el viento,
arrastrando títeres de plástico
congelados pudores de petróleo
y no fueran fiscales, nuestras inconciencias
esa zarzuela de ideas derretidas,
viajeros hacia el retrete de los tiempos.
Y si las almas que atraviesan
la sombra de mi espalda, o penetraran en mi alma
como voraces inquilinas solitarias
que ríen y hablan, sin cesar, las heces de la memoria
no habría nada peor que el que no haya tampoco nada mejor.

Texto Dio

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